Día Internacional del Libro: 10 Libros Para Leer sin ver

Audiolibros o impresos, epub o pdf… leer es uno de los pasatiempos más antiguos de la historia de la historia. Barato, absorbente, fructífero y enriquecedor, todo libro es una invitación a danzar con la cultura, el aprendizaje, la concentración, la imaginación, la ejercitación de la memoria y el vivir de muchas experiencias a través de muchos personajes.

23 de abril.

Por ello, nada como el Día Internacional del Libro para invitaros a interactuar con la ceguera a través de la literatura. Para vivir entre líneas y explorar a la sombra de escenas y escenarios, para así ser testigos desde dentro y en primera plana, de una vida con discapacidad visual.

Os presento una selección de historias sobre diversidad, un top 10 de libros donde la ceguera es un motor conductor para introducirnos en la mente de esos invidentes, historias donde los ciegos son imprescindibles y protagonistas, honrados y taimados, leyendas y pesadillas… en suma, personas normales y corrientes con sus cualidades y claroscuros. ¿Preparados, entonces? ¿Listos para empezar?

«La ciega de Manzanares», de Julián Granados García de Tomás.

 

Nací, y en el nacer quedeme ciega,

y lloré sin saber mi desventura:

Hoy sumida en recuerdos y amargura

sólo el llorar mi corazón sosiega.

Su luz, su resplandor el sol me niega;

nunca vi de la luna la hermosura,

ni admiré de la nieve la blancura,

ni vi este rostro que mi llanto riega.

Ella existió, vivió, fue y aún hoy es real. Lloró, rio, pidió limosna para vivir y pagó con versos que hoy en día son oro puro. María Francisca Díaz Carralero Rodelgo, más conocida como La Ciega de Manzanares, nació en 1818 en el pueblo de Manzanares de Ciudad Real, perdiendo la vista a penas seis días después de nacer. Criada por una hermana mayor a falta de padres que murieron cuando ella era niña, su historia está llena de tristezas y alegrías, de choques y endereza, de lucha y superación.

Sentada en las inmediaciones de la ventana de la escuela de latinidad de su pueblo, oía día a día las lecciones que el profesor daba a sus alumnos, y así fue como aprendió historia, latín, cálculo, religión… así fue cómo supo de los grandes, a distancia, con los oídos, con la mente, con devoción, hasta que el profesor la admitió en sus clases. Unas clases a las que no pudo permanecer durante mucho tiempo, sin embargo, debido al desprecio de sus compañeros por su pobreza y condición de invidente.

Vivió en Ciudad Real, Madrid y Granada; asistió durante meses al colegio de sordomudos y ciegos de Madrid de la época, de donde salió con notas excelentes y cientos de alabanzas de sus profesores; conocida por todos, tuvo aun así que subsistir, más tarde, a base de limosna pedida a los viajeros de las posadas del pueblo y a los viajeros del ferrocarril.

La lengua clásica era su campo y dominio, mas su labia y hechizo fue el sentimiento que transmitía al improvisar y poetizar ovillejos, décimas y sonetos, hijos todos de la poesía, y por ese talento de recitar que a todos cautivaba la invitaban frecuentemente a charlas y tertulias donde los grandes como Téophile Gautier y Alejandro Dumas y Heriberto García de Quevedo y Benito Pérez Galdós se daban cita… únicamente para escuchar y deleitarse en sus versos.

Porque toda realidad supera la ficción, éste es un libro que ofrece treintainueve poesías compuestos por María, inéditas muchas de ellas, más un capítulo de réquiem en honor a la famosa e histórica Ciega de Manzanares del siglo XIX.

«El Lazarillo de Tormes».

En 1554 se publica una novela ciertamente singular. Su título es «Lazarillo de Tormes» y su autor permanece, hasta hoy, desconocido. Por primera vez, un personaje de baja extracción cuenta su vida en primera persona. No se trata de un adulto, de un caballero, de un príncipe, de un soldado o de un pastor, sino de un muchacho de doce o catorce años que narra su historia desde su niñez y su ardua supervivencia en la dura vida del siglo XVI. Con sentido del humor y mirada satírica, Lázaro nos habla de la realidad de un país poblado de mendigos, de clérigos que no practican la caridad, de hidalgos reacios al trabajo y preocupados sólo por su honra, de bulderos que aprovechan la buena fe de las gentes y de jóvenes cuya máxima aspiración es no pasar hambre.

 

Un clásico entre los clásicos, este libro de autor anónimo es una mordaz crítica a la sociedad del siglo XVI, una empeñada en falsificar su estilo de vida y en fingir de cara al exterior lo que no es. Una obra más satírica que histórica, con más datos sobre la cultura y lenguaje y costumbres del Imperio Español de la época que de sus descubrimientos o intrigas palaciegas (de esto último hay cero, de hecho).

Sí, probablemente ya la conozcáis. Y aunque puede que alguno todavía no lo haya leído, seguro que al menos ha oído hablar de ella. La novela cuenta las aventuras y desaventuras de Lázaro, desde su niñez hasta su madurez, desde su cuna pobre y humilde hasta sus muchos trabajos que tuvo que realizar para ganarse la vida, y todo ello a través de amos, diferentes amos, amos que lo maltrataron, engañaron, zurraron, traicionaron y mataron de hambre. ¿Y por qué? ¿De qué le sirve al lector conocer todas esas idas y venidas? Bueno, ¡pues para saberlo deberéis leer el libro!

Lázaro estuvo al servicio de un predicador que predicaba para estafar, un escudero sin escudo ni caballero al que servir (y con más amor y orgullo por su traje de escudero que sensatez para encontrar el modo de saciar el hambre, dicho sea de paso); un clérigo que de actitud caritativa tenía poco y de anhelo por tener su propia cenicienta sí muchísimo, en cambio, pues le mataba de hambre y le obligaba a hacer las tareas domésticas.

Pero el primero de sus amos y quizá el más importante, pues ya se sabe que «las primeras» siempre dejan huella, fue el ciego, quien le inculcó a base de golpes y malicias que para sobrevivir es necesario tener a la astucia como amiga y aliada.

El ciego de esta obra es astuto, taimado, rácano y desde luego mal protector, pero gracias al trabajo de Lázaro con él, le debemos hoy en día el término «lazarillo», es decir, persona o animal que acompaña a otra necesitada de ayuda, para guiarlo en su movilidad.

Sí, lo sé, El Lazarillo de Tormes es una antigualla mayúscula, si bien de las buenas; y aunque de entrada eso puede echar para atrás a algunos, dejadme deciros que es breve, rápido de leer, divertido (pues destila mucho humor a pesar de las desaventuras del pobre) y con tanta resonancia cultural e histórica que con toda razón continúa siendo un clásico de la literatura hispana a día de hoy.

«A ciegas en Manhattan», de Nuria del Saz.

Sin vista pero sin pausa; así subtitula la escritora su primera obra narrativa. Mitad humor mitad descubrimiento personal, el libro nos adentra en Nueva York (cómo no) en un Manhattan turístico, de viajes, de experiencias en una ciudad desconocida, una urbe vista a ciegas y sentida desde el punto de vista de alguien que no ve. Adentrarse en sus líneas es cerrar los párpados, abrir el resto de sentidos, prescindir de fotos, y redescubrir las costumbres neoyorquinas con todo… salvo los ojos.

¿Interesante, verdad? Os cuento, además, que su autora, Nuria del Saz, es conocida por ser la primera presentadora ciega de informativos en TV en toda España, periodista de informativos en el andaluz Canal Sur TV. ¿Lo sabías?

Convencida de que una persona invidente es doblemente ciega si no puede entender el idioma en un país extranjero, Nuria del Saz nos acerca en este libro a esa otra América del Norte, gran desconocida porque no es la que acapara la atención de los medios, pero muy real y auténtica.

¿Por qué leer el libro? Con sentido del humor, en primera persona y con la curiosidad del periodista, nos pone en bandeja literaria un Nueva York tan real como sus gentes, sus costumbres, sus sabores y olores… la cotidianeidad de otra cultura conocida a ciegas.

«Cierra los ojos y mírame», de Ana Galán y Manuel Enríquez.

Tras un grave accidente de coche, David recibe la noticia de que se ha quedado ciego y se encuentra sumergido en un mundo de sombras donde deberá aprender a comer, a vestirse, a leer e intentar armarse de valor para regresar a la facultad acompañado de su bastón blanco que tanto aborrece. Su vida ha dado un cambio rotundo y poco a poco tendrá que aprender a valerse por sí mismo con la ayuda de un perro guía, que lo llevará a conocer a Blanca.

Blanca, junto con su familia, ha adiestrado a Kits, el perro lazarillo de David. Blanca y David entablan amistad y poco a poco les va a unir algo más que Kits. Pero la vida no es tan fácil, los cuentos no siempre tienen final feliz, su relación no tiene ningún futuro o… quizás, sí.

 

Él, sumido en una depresión de la que es incapaz de salir, obligado a replantearse completamente su vida, pero sin fuerzas de  ánimo para redirigirla. Ella, a punto de entrar en la universidad, entrenadora por devoción del cachorro Kits, y reacia a dejarlo marchar llegado el momento de entregarlo a su nuevo dueño. La amistad surgirá inevitablemente entre ambos, acompañada de una forma diferente de percibir el mundo que les rodea, ella viendo más allá, y él reaprendiendo, finalmente.

Entretenida pero seria, sencilla pero reivindicativa, el libro es la prometida puerta al mundo de las personas ciegas, la ventana a explorar el pensar y sentir en el día a día de alguien sin vista visual, la protesta, a letras grandes, para eliminar las dificultades y trabas de una sociedad poco concienciada con la importancia y labor que realizan perros y educadores. Pero, sobre todo, es la respuesta, en forma de libro corto y autobiográfico y para todas las edades, a la recurrente pregunta de ¿cómo entrenar a un perro guía?

Ana y Enrique han escrito una novela emotiva, cargada de superación; un libro que, en suma, sacude nuestra conciencia, una invitación a explorar, descubrir y valorar mejor un tema de gran importancia social como lo es la adaptación e  integración y la accesibilidad.

«Contigo escucho las estrellas», de Linda Gillard.

Ella le enseña a escuchar y sentir el mundo que les rodea. Él le descubre cómo imaginar lo que jamás podrá ver…

Keir es para Marianne solo una voz: una voz masculina, profunda, que le recuerda el buen chocolate negro, ese tan sabroso, casi afrutado, pero con un toque amargo. Luego es una sensación: la de un rostro entre sus manos. Y conversaciones, conversaciones que la sorprenden, la devuelven a la vida y le hacen recuperar la esperanza, el miedo, el anhelo, el deseo. Ese hombre independiente, seguro de sí mismo, ha quedado subyugado por el rico mundo interior de Marianne, su original manera de percibir la realidad, y quiere mostrarle, por fin, cómo son las estrellas.

 

Romántica, diferente, reflexiva, personal e íntima… es un libro sencillo aunque bien escrito, con personajes ficticios aunque creíbles, que os harán pensar y, al terminar, os dejarán con una sonrisa y un buen sabor de boca. ¿Por qué leerla? Rompe barreras y tópicos (un ciego tiene que emparejarse con otro ciego… por narices… ¡bah!), y habla de las segundas oportunidades y de la vulnerabilidad que despierta el amor cuando ya no lo esperabas.

Desde luego, el libro es una inmersión en el mundo de la ceguera, alejada eso sí de la condescendencia y los miramientos, para descubrir al lector otra manera de percibir la realidad.

«Humor a ciegas», de Ana Prado.

En 1992, la Sección de Cultura de la ONCE invitó a todos los afiliados y trabajadores de la organización a que participaran en un concurso de anécdotas humorísticas sobre la ceguera. En este volumen se recoge una amplia selección de las anécdotas enviadas por los participantes para el certamen.

 

Desde las preguntas más absurdas a las situaciones más rimbombantes, esta obra es una recopilación de aventuras y anécdotas, de historias y experiencias personales. Sumando humor más sonrisa más diversión, tenemos un libro que muestra las diferentes formas y maneras que tienen los invidentes de superar extrañas situaciones, a cual más irrisoria.

El libro es una risueña garantía de pasatiempo y rato divertido, de sonrisas bochornosas y resoplidos hilarantes, una apuesta segura a acabar con dolor de tripa por tantas carcajadas. ¡No te lo pierdas, de verdad!

¿Babeas por el amor? ¡Más porción de libros por aquí!

Porque el amor es ciego, y porque esa confirmación no podría faltar en el género más rosa de la literatura, aquí os dejo otros pequeños títulos que tampoco están de más recomendar, como lo es «En Una noche estrellada», de Katherine Kingsley, donde una joven ciega ayuda a un artista desesperado a recuperar su genio y a abrirle los ojos al verdadero espíritu de la Navidad. (Claro que para leer este relato corto deberéis primero buscar la Antología Milagros de Navidad, de Virginia Henley).

Interesante de leer es además «Un toque Griego», de Tina Folsom, con romance y mitología y todo eso de dioses y Olimpo en un contexto contemporáneo, e incluso con el dios Hermes desterrado a La Tierra como punto de partida de caballero sexymbol… ¡no digo más!

Interesantes son también los libros «Una luz en la ventana», de Christina Dodd, y “Tuya hasta el amanecer”, de Teresa Medeiros, ambas románticas e históricas en pleno siglo XIX, y ambas con un protagonista gruñón y depresivo y encerrado en sí mismo porque ha perdido la vista a causa de alguna guerra en la que se metió, y una protagonista pizpireta y de armas tomar, decidida a recordarle sus modales y a engalanarlo de nuevo y a quitarle tanta tontería a golpe de genio y comentarios mordaces… ¡vaya!

Los libros: una máquina de simulación de la ceguera.

Lo dicho. Los libros son una fuente inagotable de educación y conversación e incluso de compañía. Nos hacen viajar a cualquier parte del mundo, a cualquier época prehistórica o medieval o moderna o contemporánea. Novelas, ensayos, teatro, cómics y poesías… línea a línea, todos fomentan nuestra conectividad cerebral, nos ayudan a entender lo que en nuestro día a día nos es difícil, porque nos es ajeno. Basta con meternos en la mente de ese personaje para entender sus ideas e ideologías, sus luchas y miedos y su modo de afrontar la condición de su propio mundo.

No, esta selección no resolverá todas vuestras dudas, aunque sí, sí que os dará una idea más aproximada de qué es vivir sin ver. Estoy convencida de que, gracias a ellos, podréis acercaros a la realidad de este numeroso colectivo, entender y experimentar (un poco) cómo es vivir con ojos que no ven. De seguro que este top 5 mejorará vuestro estatus mental y pensador, emocional y empático, y hasta social y espiritual.

¿Y tú?

¿Has leído alguno de los libros de arriba? ¿Coincides o no con lo que transmiten? ¿Conoces más ejemplos de literatura a ciegas? Pues ya sabes… ¡¡¡compártelo abajo!!!

2 Comments

  1. Cierran los ojos y mírame , En mi opinión, refleja lo que es la ceguera y convivir con ella de una forma muy realista, rápida sencilla y útil.
    Yo se lo recomiendo bastante gente , A menudo

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